Los Pueblos de los Andes no caminan con ansiedad porque laten al ritmo de la tierra. Su atención está dedicada a mirar con total claridad la vida y confiar en la naturaleza de la muerte.

Es muy triste para mí, encontrar en el campo civilizadores y políticos que insisten en sofocar la naturaleza de las comunidades tradicionales. No hay educación formal que pueda sustituir el compañerismo que sienten estos pueblos con la madre tierra y esta alianza con las fuentes representa el punto de partida exacto para que la humanidad evolucione hacia días más saludables.

Nuestro diseño burocrático ha establecido una carencia de valores naturales y una ausencia de intimidad entre los humanos y su tierra. Es necesario recuperar la sensibilidad de los antiguos valores, la calma de los pastores que andan por los cerros con sus ojotas a veces rotas, sus camisas descosidas y su alma entera como un templo.

Pienso que la sencillez es una virtud. Siento que en el silencio, el espíritu encuentra su más elevado arte. 

Testimonio de Lucio Boschi en su libro Pueblos de los Andes (2000).